El voto de las mujeres no se toca
Hay ideas que parecen tan absurdas que corremos el riesgo de no tomarlas en serio. Una de ellas es el #Householdvoting y que las mujeres deberían renunciar al voto. Una locura ¿verdad?. Pues está ocurriendo ahora en Estados Unidos y se está haciendo viral más que el Mundial de Fútbol.
Esto no significa que exista actualmente una propuesta política mayoritaria para derogar el sufragio femenino y se imponga este «voto único familiar». Tampoco que todas las mujeres conservadoras compartan esta posición. Pero determinados sectores de movimientos evangélicos blancos estadounidense están cuestionando públicamente la Decimonovena Enmienda, que desde 1920 impide negar el derecho al voto por razón de sexo.
Os cuento. El pastor Doug Wilson, fundador de Christ Church y una de las figuras más conocidas de la Communion of Reformed Evangelical Churches —CREC—, ha afirmado que preferiría un sistema de voto por hogares.
En su sociedad ideal, la familia votaría como una unidad y el voto sería ejercido normalmente por quien ocupa la posición de cabeza del hogar: el marido (porque obviamente aquí no cabe otro tipo de unidad familiar)
Wilson se define como patriarcal y nacionalista cristiano. En las iglesias de su entorno, las mujeres no pueden ejercer determinados puestos de autoridad religiosa y se defiende que la esposa debe someterse al liderazgo de su marido. Y ojo que No es una escena de El cuento de la criada, No es una exageración feminista, No es un comentario perdido de una cuenta anónima pero Si son declaraciones públicas de dirigentes religiosos con capacidad de influencia política.
Y aquí aparece una contradicción difícil de ignorar: Hay mujeres utilizando su voz, sus redes sociales, su libertad y su derecho al voto para defender un modelo que podría dejar sin voz, sin libertad y sin voto propio a otras mujeres.
Las conocemos como tradwives, abreviatura de traditional wives.
En redes sociales aparecen cocinando pan casero, cultivando verduras, cuidando criaturas, llevando vestidos impecables y explicando que han encontrado la felicidad al abandonar la competitividad laboral y recuperar los roles tradicionales. Algunas hablan de obediencia. Otras prefieren llamarla entrega y Complementariedad. También aparece la Energía femenina junto con la Protección masculina y el Orden natural. Totalmente un Propósito divino aunque No todas compartan exactamente las mismas ideas políticas.
Tampoco toda mujer que decide dedicarse al hogar es una tradwife, ni toda mujer religiosa desea recortar los derechos de las demás. Conviene hacer esta distinción porque el feminismo también consiste en respetar las decisiones vitales de las mujeres.
El problema comienza cuando una opción personal deja de presentarse como una posibilidad y empieza a venderse como el único modelo correcto de mujer. Os dejo estos ejemplos:
- Cuando “yo elijo quedarme en casa” se transforma en: “Las mujeres pertenecen al hogar”.
- Cuando “mi fe me ayuda” se convierte en: “Todas debemos obedecer esta interpretación de Dios”.
- Cuando “mi marido y yo hemos organizado así nuestra familia” termina significando: “El hombre debe ser la autoridad económica, espiritual y política”.
- Y cuando “estoy cansada de las exigencias laborales” se convierte en: “El feminismo se equivocó al permitir que las mujeres salieran de casa al mercado laboral”.
La womanosphere: el antifeminismo también habla a las mujeres
Alrededor de esta estética está creciendo en Estados Unidos un ecosistema mediático que algunos análisis llaman womanosphere, podríamos traducirlo como “mujeresfera”. Es la versión femenina y aparentemente más amable de algunos discursos que ya conocíamos en la manosfera.
La Womanosphere Combina recomendaciones de bienestar, maternidad, belleza, fertilidad, alimentación, matrimonio y espiritualidad con mensajes contra el feminismo y a favor de los roles tradicionales.
Entre sus voces más visibles aparecen comunicadoras como Allie Beth Stuckey, Alex Clark, Candace Owens y Brett Cooper.
No todas defienden exactamente lo mismo. Tampoco todas pueden clasificarse como tradwives. Pero comparten un espacio cultural en el que el feminismo aparece repetidamente como responsable de la soledad, la frustración sentimental, la caída de la natalidad, la crisis de la familia y la infelicidad de las mujeres.
Su mensaje se envuelve en contenidos cotidianos y emocionales. No comienza diciendo: “Queremos reducir la autonomía de las mujeres”. Sino que comienza preguntando: “¿Por qué estás tan cansada?”. “¿Por qué no consigues una pareja?”. “¿Por qué no te sientes femenina?”. “¿Por qué la maternidad y el hogar ya no son suficientes?”.
La respuesta que ofrecen es sencilla:
No estás cansada porque el mercado laboral te explote mientras continúas asumiendo la mayor parte de los cuidados. Estás cansada porque el feminismo te alejó de tu verdadera naturaleza.
Ese ecosistema está dirigido especialmente a mujeres especialmente por encima de los 45 o muy jóvenes que utiliza la estética, el bienestar, las experiencias personales de impacto con alguna dosis de holística barata, que claramente es la puerta de entrada a una agenda política conservadora.
Incluso estas voces antifeministas aseguran que no hablan de política.
Pero cuando una influencer con millones de visualizaciones presenta la sumisión como superioridad moral, que sepas que está haciendo política.
Cuando una predicadora afirma que Dios ha situado al hombre por encima de la mujer, que sepas que está haciendo política.
Cuando una organización moviliza a miles de jóvenes para votar a favor de leyes que restringen los derechos reproductivos, laborales o civiles de otras mujeres, que sepas que está haciendo política.
Erika Kirk y la contradicción de predicar sumisión desde el poder
Otra de las figuras destacadas de este movimiento es Erika Kirk, actual dirigente de Turning Point USA, una de las organizaciones conservadoras juveniles con mayor capacidad de movilización en Estados Unidos.
Erika Kirk defiende públicamente los roles tradicionales de género, la maternidad, la fe cristiana y una concepción del matrimonio en la que el hombre ejerce el liderazgo del hogar. No consta que Erika Kirk haya pedido eliminar el voto femenino. No debemos atribuirle una posición que no ha expresado, porque según me informé fueron algunas de sus seguidoras, pero sí resulta legítimo analizar la contradicción de su discurso.
Erika Kirk dirige una organización. Administra recursos. Habla ante miles de personas. Moviliza políticamente a otras mujeres. Construye una marca. Toma decisiones. Ejerce autoridad y por tanto, dispone de una plataforma pública y profesional que muchas mujeres no habrían podido imaginar cuando todavía se les negaba el derecho a votar, administrar sus bienes o desarrollar una carrera propia.
Y desde esa posición de poder defiende que la mujer debe honrar el liderazgo del marido y aceptar la sumisión conyugal como principio religioso, aunque insista en que someterse no significa ser inferior ni convertirse en una sirvienta.
Es decir: ejerce liderazgo mientras predica subordinación. Y esta contradicción aparece una y otra vez dentro del movimiento. Mujeres con empresas enseñando a otras mujeres que no necesitan una carrera. Mujeres con grandes plataformas digitales defendiendo que el lugar femenino es el ámbito privado. Mujeres que monetizan su voz explicando a otras que deben hablar más bajo.
Mujeres independientes vendiendo dependencia. Toma ya! Ahí lo llevas!
Dios, marido y patria
El discurso suele estar envuelto en palabras amables: Familia, Protección, Feminidad, Orden, Naturaleza, Tradición y Fe.
No se dice: “Queremos que las mujeres pierdan autonomía”. Se dice: “Queremos protegerlas”.
No se dice: “Queremos controlar su sexualidad y su capacidad reproductiva”. Se dice: “Queremos recuperar los valores familiares”.
No se dice: “Queremos que dependan económicamente de un hombre”. Se dice: “Queremos liberarlas del estrés del mercado laboral”.
No se dice: “Queremos reducir su ciudadanía”. Se dice: “Las familias deberían votar unidas”.
Y, por supuesto, se ofrece un salvador. A veces es Dios. A veces es el marido. A veces es un líder político que promete devolver al país una supuesta grandeza perdida.
En todos los casos, la promesa se parece demasiado: Obedece, confía y no cuestiones. Alguien más sabe lo que te conviene.
No estamos hablando solamente de mujeres que hornean pan, estamos hablando de una batalla cultural que utiliza una estética agradable para normalizar un proyecto político profundamente desigual.
Y ojo con esto, porque saco de nuevo la trampa del privilegio
Muchas de las mujeres que promocionan esta vida tradicional cuentan con algo que no siempre muestran en sus vídeos: Patrimonio familiar, un marido con ingresos elevados, vivienda en propiedad, negocios digitales, contratos publicitarios, personal de apoyo, una familia que podría rescatarlas. Ingresos procedentes, paradójicamente, de su propio trabajo como creadoras de contenido.
Pueden predicar la dependencia económica mientras monetizan esa dependencia.
Pueden recomendar a otras mujeres que abandonen el mercado laboral mientras ellas construyen una marca personal, negocian campañas y acumulan capital. Y qué peligroso es esto!
Eso no es únicamente una contradicción. Es una contradicción de clase.
Porque cuando una mujer privilegiada renuncia a un empleo puede seguir teniendo vivienda, comida, asistencia sanitaria, contactos y protección jurídica.
Y cuando lo hace una mujer empobrecida, migrante, racializada, rural o sin red familiar, puede quedarse sin ingresos, sin cotizaciones, sin pensión, sin capacidad de negociación y sin una salida segura ante la violencia.
La dependencia puede parecer romántica cuando siempre has tenido una puerta de emergencia. Para muchas otras mujeres, la dependencia no es una elección estética, es una jaula.
No todas pierden lo mismo
La historia nos demuestra que, cuando retroceden los derechos, las consecuencias nunca se distribuyen por igual.
- Las mujeres con recursos pueden viajar para interrumpir un embarazo. Las mujeres pobres, no.
- Las mujeres con patrimonio pueden abandonar temporalmente el empleo. Las que sobreviven con salarios precarios, no.
- Las mujeres con contactos pueden acceder a asesoramiento jurídico. Las más vulnerables quizá ni siquiera sepan que se están vulnerando sus derechos.
Por eso, debemos desconfiar de quienes hablan de “libertad para elegir” sin mencionar las condiciones materiales desde las que se elige. Porque:
- No existe verdadera libertad cuando no hay independencia económica.
- No existe verdadera elección cuando una mujer no puede marcharse.
- No existe protección cuando todos los recursos pertenecen a otra persona.
- Y no existe ciudadanía plena cuando alguien pretende decidir que tu opinión política vale menos por haber nacido mujer.
España no es Estados Unidos, pero el discurso cruza fronteras
Y aunque el artículo se está pareciendo más a una tesis doctoral que a un artículo, no quiero pasar por alto lo que pasa en España. Por lo que puedo analizar, en España no existe actualmente un movimiento político relevante que proponga sustituir el voto individual de las mujeres por el voto del cabeza de familia y tampoco debemos confundir el nacionalismo cristiano evangélico estadounidense con el ultraconservadurismo católico español porque No son exactamente lo mismo, por ahora, pero ojo que los discursos viajan.
Aquí también contamos con organizaciones ultraconservadoras que combaten lo que denominan “ideología de género” y se movilizan contra el aborto, la educación afectivo-sexual o los derechos LGTBIQ+. Y también tenemos una esfera digital antifeminista.
Creadores como Roma Gallardo o Un Tío Blanco Hetero, y algunas o algunos dirigentes políticos han construido una parte importante de sus contenidos alrededor de la crítica al feminismo, las políticas de igualdad y la idea de que los hombres son ahora las verdaderas víctimas del sistema.
- El discurso se repite:La igualdad ya está conseguida.
- La violencia no tiene género. El feminismo odia a los hombres.
- Las denuncias falsas son el verdadero problema.
- Las mujeres modernas tienen expectativas imposibles.
- Los hombres están perdiendo sus derechos.
- No todos piden que las mujeres dejemos de votar. No necesitan hacerlo. Antes de retirar formalmente un derecho se puede desacreditar a quienes lo defienden.
- Se puede presentar la igualdad como un exceso.
- Se puede ridiculizar a las feministas.
- Se puede sembrar desconfianza hacia las políticas públicas.
- Se puede convencer a una generación de jóvenes de que el machismo es una invención y el feminismo una amenaza.
(Comentaros que, próximamente, comenzaré una investigación académica analizando el discurso antifeminista de algunos de estos creadores, dirigentes políticos y religiosos; y su relación con una reacción cultural más amplia frente a la cuarta ola feminista)
Mi voto no pertenece a mi familia, ni es un regalo
En conclusión, mi voto no es el voto ni de mi pareja, ni de un marido, ni el de tu familia, ni el de la religión. Mi voto solo pertenece a mi persona, mi conciencia y no es una extensión de nadie porque sólo, y exclusivamente, me pertenece a mi.
Y cuidado con esta nueva versión proveniente de EEUU y que también ya existe en algunos lugares del mundo de que El sufragio individual no rompe familias. Lo que realmente rompe, es la pretensión de que una persona pueda poseer la conciencia de otra.
Y aunque nos parezca muy lejano y que en España esto no va a pasar. Y que digan que estoy exagerando o alarmando a las mujeres, o como me dijeron una vez «que hablaba desde el miedo», recuerda, y sobre todo si eres mujer, que: Mi voto y el tuyo no son un regalo, y nuestros derechos no están disponibles para ser devueltos.