Entre el miedo y la gratitud: lo que me dejó una operación de urgencia y un abril sin feria
Aviso a navegantes: esta publicación es más extensa de lo normal. Lo siento por los algoritmos y la obsesión de agradar, tener visualizaciones y Likes. Mi intención es compartir una experiencia, que me ha tenido apartada este mes en el ámbito profesional y personal. Estoy segura que alguna persona que me sigue, se pueda sentir identificada con lo que me ocurrió.
Hay meses que no llegan, irrumpen, como elefante en cacharrería. Meses que parten la vida en dos: antes y después. Este ha sido uno de ellos para mí. Os cuento.
Durante semanas tuve que detener mi trabajo por una noticia que llegó sin avisar y me obligó a parar de golpe: debían operarme de urgencia por una cuestión de salud inesperada. Y cuando algo así ocurre, no solo cambia tu agenda. Cambia tu manera de habitar el día, de mirar el tiempo, de responder a los mensajes, de pensar en el futuro inmediato. De repente, todo lo cotidiano se vuelve frágil. Otro terremoto más que sumar en mi diario particular, como en el 2010 en Chile, mucha semejanza en los sentimientos muy diferente en el contexto.
Lo más difícil no siempre es el hecho médico en sí, sino la incertidumbre que lo envuelve.
No tener un diagnóstico claro al instante. Esperar un mes a unos resultados. Sentir que tu mente viaja sin descanso entre dos extremos: desde “seguro que todo se queda en un susto” hasta “¿y si esto ha avanzado e implica más operaciones o comenzar una terapia compleja?”. Entre una posibilidad y otra caben muchas noches sin dormir, muchos silencios, muchas respiraciones profundas y muchas conversaciones contigo misma.
En medio de todo eso, tuve que reorganizar mi vida profesional. Postergué grabaciones del proyecto Micro Violeta Podcast, moví compromisos muy interesantes, reajusté tiempos y revisé prioridades. Tuve que hacer un ejercicio de gestión no solo del trabajo, sino también de la energía. Porque a veces no se trata de si puedes hacerlo todo, sino de asumir con honestidad que no debes hacerlo todo. Y eso, para quienes vivimos muy comprometidas con nuestros proyectos, también duele, y si eres autónoma o pyme más.
Quizá una de las partes más complejas fue sostener hacia fuera una aparente normalidad cuando por dentro convivía con el miedo. Decir “estoy bien” o “todo va bien” mientras intentaba asimilar la operación, el cuerpo en alerta y la espera de los resultados. No porque quisiera fingir, sino porque a veces una intenta proteger a quienes ama. De hecho, solo se lo conté a muy pocas personas. Una calla para no preocupar. Sonríe para no romper a nadie. Y, sin darte cuenta, te conviertes en el lugar donde se guarda todo lo que todavía no sabes cómo nombrar, y ya lo han comprobado, que todavía me cuesta nombrar una palabra del horóscopo.
Aun así, seguí adelante con algunos compromisos que ya estaban en marcha. Días antes de la operación hice la grabación presencial del episodio de videopodcast https://www.youtube.com/live/BvDRR8XuzYE?si=SJSWoLyRXWkY3bqL sin que nadie notara la preocupación que llevaba por dentro.
Y ahí comprendí también algo muy mío: mi profesión me motiva, me sostiene y, de algún modo, me recuerda que las formaciones, las conferencias y los proyectos deben continuar. No desde la negación, sino desde el amor y el propósito profundo a lo que hago. A veces, incluso en medio del miedo, el trabajo que te apasiona también se convierte en un refugio.
En ese proceso, la meditación también fue refugio. Respirar conscientemente, bajar el ruido mental, volver al cuerpo, tratar de no vivir cien escenarios antes de tiempo. Meditar no borró el miedo, pero me ayudó a no ser arrastrada por él. Me recordó que, incluso en la incertidumbre, hay un espacio interno al que podemos volver para sostenernos. Un espacio de pausa, de presencia y de incluso certezas.
También aprendí algo profundamente humano: el amor se expresa de muchas maneras.
Están los rezos de las personas creyentes que conozco, de distintas religiones, que pidieron por mi desde su fe . Y están también los rituales de quienes viven la espiritualidad desde este y otros lugares del mundo, encendiendo una vela, pronunciando una intención, enviando luz, energía o pensamiento amoroso. Todo eso, venga del lenguaje que venga, nace del mismo sitio: el deseo profundo de que estuviera bien. Y cuando una atraviesa momentos delicados, comprende que toda forma de esperanza compartida es un abrazo y se abraza, y sirve, claro que sirve!.
Tras la operación comenzó otra parte del camino: dejarse cuidar. Y eso también merece una reflexión. Porque muchas veces estamos tan acostumbradas, como mujer y desde mi profesión, a sostener, a acompañar, a resolver y a seguir, que cuando nos toca recibir cuidado nos sentimos extrañas. Pero hay una enorme sabiduría en permitir que te mimen, que te ayuden, que te hagan la vida más ligera por unos días. Hay humildad y hay amor en aceptar que ahora eres tú quien necesita descanso, silencio y ternura.
Después entendí también que no tenía que responder a todos los mensajes, ni atender todas las llamadas, ni tranquilizar a todo el mundo a la vez, como dice mi querida amiga de la infancia y gran psiquiatra Fátima Martínez león . A veces sanar implica priorizar el tiempo, la energía y los ritmos propios. Implica entender que agradecer no siempre significa contestar al instante. Que cuidar el vínculo con las demás personas no puede hacerse a costa de descuidarte a ti misma. Y que retirarte un poco del ruido también es una forma de amor propio.
En medio de este proceso, quiero poner en valor algo que considero fundamental: la sanidad pública en España y especialmente en Andalucía hay que cuidarla mucho y pelear por ella.
En momentos de vulnerabilidad, contar con grandes profesionales que te atienden, te acompañan y te sostienen no es un detalle menor. Es una red de dignidad. Es un recordatorio de que los derechos colectivos también salvan vidas y alivian miedos. Hoy escribo desde el agradecimiento más sincero hacia quienes me han cuidado pero estoy muy enfadada con el sistema y las personas que gestionan la sanidad pública en mi Andalucía, porque con la salud ni se juega ni se negocia, sino que hay que protegerla y siempre mejorarla. En mi caso, el SAS se demoró 8 meses en darme una cita para operarme de algo sencillo a priori, que luego resultó ser muy grave, cuando esto no debería suceder, es inadmisible!. Y justo a partir ahí, al descubrir la gravedad, comenzó el protocolo de preferente y en 3 semanas ya me estaban interviniendo de nuevo de urgencia.
Y bueno, este año no podré ir a la Feria de Sevilla, como muchas y muchos me habéis preguntado.
Tras esta montaña rusa emocional, necesito cuidar bien mis dos cicatrices: las visibles y las invisibles, las del cuerpo y las del alma. Sin embargo, he decidido que este será un abril sin feria, pero con fiesta. Porque no acudir a la feria no significa renunciar a la celebración. Porque este abril, que aún no ha acabado, festejo la vida. Festejo esa llamada de mi médico de cabecera Fernando Fabiani Rodríguez , de hace unos días, para calmar mi incertidumbre y, a pesar de la cautela y posibilidad de alguna terapia, tras la última operación, todo había quedado limpio. Festejo el inmenso amor recibido, tanto de mi pareja María José Pla Alonso como de mi familia y amigas y amigos, que sí lo están celebrando en la feria. Festejo la conciencia nueva con la que regreso, como mi amiga Paula con su renacer. Festejo que, incluso en los momentos más inciertos, si estás bien rodeada, puede ser la mejor medicina, y también gracias Reyes Garrido por la complicidad profesional.
Finalmente, me dirijo a ti, por si estás atravesando una situación parecida o tienes alguien cerquita.
Me gustaría decirte que: puedes darte el permiso para sentir miedo, para parar, para reorganizar, para no poder con todo, para dejarte cuidar. No estás fallando por detenerte. A veces, el mayor acto para tu paz mental no es seguir como si nada, sino escucharte, sostenerte y confiar en que, incluso en medio de la incertidumbre, la vida sigue encontrando formas de decirte que merece ser celebrada todos los días.
Y, también necesito decir, y estoy en la obligación de comentarlo, que soy totalmente consciente que lo dicho anteriormente, lo puedo decir desde mi privilegio, desde el lugar y el contexto que yo estoy y encuentro. Porque, no quiero sonar a «mensaje de libro de autoayuda» ya que hay que tener mucho cuidado con nuestro lenguaje. Ya que tras esta experiencia tengo en mi pensamiento y de manera permanente, a todas las personas y sobre todo mujeres, que en una situación similar o peor, no puede detenerse ni tener un tiempo de recuperación porque su situación económica, familiar o recursos de su país no se lo permiten. Como mi vecina de habitación de hospital, que estaba pasando por algo peor que lo mío, con dos catéter en cada pecho, y que me contaba que ella prefería estar en el hospital varios días más y sola!. Volver a su casa y pensar que nadie había realizado sus tareas domésticas, que tenía que ponerse a limpiar y cocinar para su familia, que no tenía ninguna ayuda, es duro, verdad!. Porque finalmente, la falta de recursos anula todo el aprendizaje en estos procesos. Porque qué aprendizaje le da la vida si ella declara que «mejor no haber pasado por esta experiencia porque ahora tenía que seguir haciendo lo mismo o incluso más y con una situación de salud peor».
Cambio de giro de guión, siempre hay que ampliar la mirada y ver tu posición en la vida. SALUD!
Enrique
Después de leer toda tu literatura, decirte que la vida está llena de baches. Unos más serios que otros. Como saltearlos solo depende de ti y de cómo los gestiones. Creo que de eso entiendes bastante, así que es hora de poner en práctica toda esa sabiduría.
Solo deseo que tengas pronta recuperación, que sigas dejando que algunos/as te cuiden y te sientas querida.
Date un respiro y coge aire, seguro que lo que viene es mejor aún de lo vivido.
Un beso y un abrazo grande.
Orlando Alonzo
La vida cada día nos enseña a valorar lo que somos y tenemos aún más cuando atravesamos dificultades considero que es importante agradecer por todo y tú eres un testimonio que enseña a ver la vida desde la realidad pero con una filosofía propia.
Eres una luz que ha venido con la misión de brillar y ayudar a otros a ser luz desde la oscuridad.
Mi querida amiga, sigue abrazando la vida con ese amor que hay en tí nunca permitas que alguien apague tu brillo.
Un abrazo fuerte de este Chapín que requiere y valora mucho.
Maravilloso día.
Ana G Franco
Mi paseo particular fue en 2024, en varios sentidos. Aunque todo salió perfecto, entiendo perfectamente los espacios de incertidumbre y de hacer parecer que estás bien y lo llevas bien. Me alegro mucho que todo haya salido bien. Un abrazo y un besazo enorme de alguien que te conoció en un momento de impasss de empleo 🥰🥰